sábado, abril 28, 2007

Política, obispos y contradicciones


En España, y supongo que en tantos otros lugares, los obispos niegan su participación política. Pero la tienen.

Por algún motivo, más bien comercial, les interesa hacer ver que su participación en la sociedad está más allá de la política, como si tal cosa pudiera llegar a darse en la vida. Sociedad y política son la misma cosa y no creo que Dios –si fuera o fuese- tenga interés alguno en separarlas.

La filosofía, que en la religión se hace dogma, nos sirve para explicar y entender la vida. La política es también filosofía, claro; porque está fundada también en valores, por tanto en explicaciones de las actuaciones que se tienen y que se fomentan. De las ideas, en definitiva, que inspiran los actos. Bipolaridades y degeneraciones administrativas públicas aparte.

Los obispos opinan porque piensan y estiman mejor o peor ésta o aquella acción; ésta o aquella idea; ésta o aquella forma de explicar la vida. Los obispos opinan porque pensando como piensan suponen que opinar vale para que otras personas vean su punto de vista. Y todo eso está muy bien. Es bueno y deseable que sea lícito que todos los seres humanos pensemos y haciéndolo expresemos opiniones, suposiciones o hipótesis y valores. En eso consiste la libertad de expresión.

Los obispos españoles están preparando para el otoño próximo, en su Estado Vaticano, un acto de beatificación masivo de lo que denominan “mártires” de España. Lo cuenta El País. Una fiesta, dicen que quiere que sea. Y está bien. Festejar es algo que caracteriza nuestra humana condición, es muestra de nuestra creatividad. Espero que se diviertan.

No obstante hay algo que no comparto –y ese algo es el motivo del post, claro-

Beatificar o no beatificar, eso allá ellos. Pero como quiera que son los obispos muy dados a opinar sobre las cosas de la condición humana y los comportamientos sociales y políticos, yo, que no soy más, ni menos, que un simple mortal pensador y opinante también, como ellos, reflexiono ante la noticia en el sentido siguiente.

La muerte violenta, consecuencia de actos de barbarie sectaria o de poder, cometidos por grupos más o menos formales, influenciados por primarias estructuras mentales –por poca filosofía y por mucho dogma quizás- son en todos los casos execrables. El derecho a la vida será siempre digno de defensa en cualquier caso y situación.

Entonces, por qué usan el tiempo los obispos beatificando a unas personas, “hermanas en la fe” dicen, y olvidando necesariamente a otras, seguro que hermanas en Dios –en su caso- muertas también por pensar como quiera que pensaban y caer en manos de grupos más o menos formales… etcétera, etcétera

Si el derecho a la vida y a la libre expresión son valores defendibles siempre, beatificar o como quiera que se desee exaltar, a solo unas personas olvidando que, quien hoy –o en el próximo otoño- eleva “mártires”, hoy –no sé si en el próximo otoño- sigue sin mostrar la máxima repulsa por la pena de muerte como medida legal; es una contradicción. ¿O es que unos muertos son mejores que otros…? No quiero pensar que piensan eso. Lo espero por el bien de sus almas, que al fin y al cabo es lo que importa.




la foto es de Mental_Noise´s

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola,

Me gusta tu sinceridad.

Saludos.

Corpi dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. ¿Desde cuándo los infieles han tenido derecho a la vida divina? Estamos condenados al infierno eterno por pensar como pensamos y no como ese "pulpitario" (de púlpito) Fedeguico Jiménez Losantos, portavoz radiofónico de la Conferencia Episcopal y voz del Dios católico en la tierra. Al infierno los perdedores de la guerra civil y que se jodan. Haberla ganado y seguro que a los que beatificarían en el Vaticano serían a los republicanos, me juego un ojo, y es que la Iglesia ha sabido muy bien a qué sombra arrimarse.

Unknown dijo...

PARAGUAY: OPOSICIÓN SIN CANDIDATO POTABLE VS. JOSEPH RATZINGER
-La Nacion, 01-X-07-
(Luis Agüero Wagner- http://judasiscarioteenlaarenapolitica.blogspot.com)

Uno de los claroscuros más marcados de los últimos tiempos se viene observando entre ciertos protagonistas de los recientes sucesos políticos paraguayos, donde interactúan abigarradamente laicos y laicas, teólogos y teólogas, políticos y políticas, sacerdotes y pastores de distintas tendencias políticas y de diferentes iglesias cristianas, en un clima ecuménico del más absoluto caos.
Por un lado la iglesia católica apostólica y romana, organización jerarquizada, verticalista, con la obediencia ciega como mandamiento y el dogma de fe por bandera, contrasta con la conducta anárquica de los exponentes de la alianza luguista, aunque éstos hayan sido bastante hábiles para maquillar la incoherencia de aprovechar el aura mística de la sotana y simultáneamente echar pestes y culebras contra el Vaticano y su malhadado Derecho canónico.
También nuestros patriotas de utilería han sido oportunistas al valerse de una interna entre una secta menonita y la santa madre de Roma, una más de las que se iniciaron casi inmediatamente después que al Altísimo se le ocurrió enviar a su hijo a redimirnos, originando una serie de conflictos que ahora han incursionado en el proceso electoral paraguayo y que difícilmente podrá solucionarlos enviando algún nuevo emisario, por lo que si a alguien necesitaremos será sin lugar a dudas a Él en persona. Más aún si consideramos que vivimos en un país donde las lenguas de fuego del espíritu santo en lugar de iluminar a nuestros líderes naturales, terminaron originando los incendios de nuestros bosques.
Podríamos decir que la duda existencial que hoy nos aqueja empezó cuando Fernando Lugo de motu propio recibió sus votos perpetuos en 1975 y juró obediencia a los herederos de los apóstoles, cuyo único líder es el papa de Roma, declarado dictador perpetuo indiscutible e infalible por la propia ley vaticana. Esa es la esencia, el meollo del asunto. Fernando Lugo puede estar molesto con el Papa porque lo jubiló tempranamente convirtiéndolo en emérito, pero en su institución la disidencia no está permitida. En otros tiempos se pagaba con la muerte en la hoguera y para colmo, en el presente gobiernan nostálgicos de aquellos métodos.
Hoy más que ayer, se acabó el café con leche y se han cerrado las válvulas renovadoras que abrieron los pusilánimes legionarios del Concilio Vaticano II.
Al frente del cotarro vaticano está quien antes de convertirse, hace dos años, en Benedicto XVI era, como cardenal Joseph Ratzinger, el temible cancerbero de la ortodoxia como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el viejo Santo Oficio de la Inquisición que carbonizó a Giordano Bruno. Este fantasmal prusiano con más aire marcial que Stroessner, ex militante de las juventudes hitlerianas que encarna un «catolicismo fosilizado» se muestra resuelto a liquidar la apertura que emprendieron sus antecesores limpiando las liberalidades y desviacionismos como la Teología de la Liberación. Al margen de esto, pienso que si Fernando Lugo no estaba de acuerdo con una Iglesia que, según dicen piensa él, es de los ricos y para los poderosos, no necesitaba irse al otro extremo e ingresar a un culto satánico como el que practica la gente que hoy lo ha cercado. Podría simplemente clavar la orden de cierre en la puerta de su capilla y partir para una nueva Iglesia de los pobres y de los excluidos sociales.
Ya tiene audiencia, seguidores, la atención de la prensa, el apoyo de políticos, del complejo IAF NED USAID, algunos famosos y posiblemente consiga hasta créditos del BID. La telepredicación, el sermón por internet y la iglesia electrónica en los tiempos actuales obran milagros. Otros grupos cristianos del rebaño de los llamados evangélicos lo han demostrado en decenas de credos rivales entre sí, todos a su vez desgajados en el curso de la historia de la Iglesia católica tradicional y oficial, y hoy tan enfrentados con ella que nos terminaron metiendo en la actual parafernalia proselitista. Pero no, prefiere renegar de su condición de obispo (después de todo, ya lo habían jubilado, que eso significa emérito, aunque suene un poco mejor) pero no perder las ventajas que a su imagen le trae el haber vestido sotana ante la gente de un pueblo ignorante y supersticioso. Por supuesto que no acepta convertirse en apóstata, único medio coherente de liberarse de la dictadura vaticana. ¿Qué tendrá esa Iglesia que le es tan difícil aceptar la salida de los disidentes y porqué le cuesta tanto a sus disidentes abandonarla, inclusive a los que pretenden ingresar al territorio demoníaco de la política nativa arrojando la sotana?
Exponentes de la teología de la Liberación como el cura peruano Gustavo Gutiérrez, fueron forzados por la jerarquía a una retractación y a publicar la misma en el diario limeño «La República». El nicaragüense Ernesto Cardenal, hincado de rodillas en el aeropuerto de Managua, tuvo que escuchar la reprimenda que en 1983 le dio el papa Juan Pablo II. El brasileño Leonardo Boff debió guardar un sepulcral silencio en forma de sumisión cuando el cardenal Ratzinger le enseñó amenazante en Roma la mazmorra donde tuvieron a Galileo por afirmar que la tierra se mueve, antes de colgar los hábitos en 1991. El castigado teólogo vasco-salvadoreño Jon Sobrino a pesar de residir en el país donde Arnulfo Romero fue asesinado en un altar mientras celebraba misa, sigue firme en las filas de Benedicto XVI.
Todos estos antecedentes nos llevan a presumir que difícilmente nuestro único líder Lugo sea una excepción, por más desesperante carencia de candidato potable que aqueje a quienes se disputan con sospechoso entusiasmo el más preciado florero.
En todas partes se cuecen habas: cuestionario para luguistas

Una prensa maccartista que los paraguayos heredamos de Stroessner pretendió hacernos creer que el obispo “de los pobres” Fernando Lugo era un candidato de la izquierda, como si la Iglesia Católica fuera referente de institución progresista. A ellos les planteamos estas interrogantes:

¿Es izquierdista Ricardo Canese (dirigente luguista) cuando defiende la política de biocombustibles de George W. Bush?
¿Alguno de los dirigentes luguistas protestó alguna vez por las injerencias de James Cason?
¿Recibe dólares de USAID la ONG “Gestión local” de Guillermina Kanonikoff y Raúl Monte Domecq?
¿Estuvo Camilo Soares en noviembre del año 2000 en un congreso financiado por la NED ?
¿Fue o no publicitado Lugo por el diario ABC color, propiedad de Aldo Zucolillo, favorecido del agente de la CIA Leonard Sussman cuando era perentorio fabricar bien remunerados disidentes a la dictadura?
¿Firmó Julio Benegas, empleado de Zucolillo, un contrato con Bryan Finnegan ( de la AFL-CIO ) el 21 de Setiembre de 2005?
¿Recibió la casa de la Juventud –cuna del PMAS- 127.000 dólares de IAF en el año 2004?
¿Puede ser de izquierda gente financiada por la NED , institución creada como alternativa a la CIA por el imperio?